Salida del hotel a las 0900 para ir hacia Caláis por la costa.
Hoy no llueve pero está muy nublado, así que por si acaso salgo con el chubasquero.
Al llegar al puerto, voy directo al check in y... ¡Es demasiado pronto y no me dejan! Pues a tomar un café a la terminal.
Como casi siempre, las motos embarcan primero. Abrimos la veda.
En este ferry, cada moto tiene un slot donde se meten las ruedas y se atan con cinchas. Da inpresión bajarse de la moto a por Rafa, es decir, sin pata.
Hora y media de ferry y en Dover. Los nervios se notan pero como salimos como borregos, sólo hay que seguir al rebaño.
Es fácil. Acceder a la autopista y por la izquierda, además he puesto el GPS en millas así que me canta los límites y no tengo que hacer cálculos.
Las rotondas te llevan a tomarlas por la izquierda pero en cuanto te confías te llevas un susto con la preferencia a la derecha de la rotonda.
Esto se complica al llegar a Londres.
No llevo un par de horas y ya me he metido por el carril contrario en un callejón pequeño y el amago para meterme de frente en otro más grande. Lo peor es cuando vas por una calle de sentido único y giras a la derecha para acceder a otra de doble sentido.
Bueno. Llego al piso de Paula y Iago atravesando todo Londres y Camden Town.
Allí me esperan Roi y Ángeles. Dejo maletas y a aparcar la moto.
El parking que hemos localizado son 3£la noche. ¿Me devuelven la moto?
Eso sí al tío no hay quién le entienda. Menudo acento más fuerte. Y no me da ticket. Se fía de mí. ¿O yo de él?
De vuelta paseo por los staples de camden. Está más animado que en enero. Repito cervecita y a seguir esperando a Patri.
Cena con Roi, ángeles y Patri.
Mañana más.




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